Tuesday, October 27, 2015

Desde Brooklyn: Ese ruido en el alma. Uno que son dos.



                                    



                                              ESE RUIDO EN EL ALMA: LA POESÍA DE E. FRATTAROLA 

 La poesía puede ser fuego cristalizado o una manera de dar larga vida a la palabra. 

En Uno, publicado por La isla de Siltolá, la poesía de Ernesto Frattarola, es fuego y cristal, carne y sangre, amor, muerte y vida. Y sobre todo es un ejercicio de desnudez poética, temática y vital. 

Es una poesía que quema y que corta: fría a punto de ser carbonizada, ardiendo ya casi hielo.  

Una poesía donde uno no sabe qué admirar más: si el contenido vital, esos chispazos o descargas o “ruidos” que el poeta nos propina en el alma, o la desnudez formal que nos deja tiritando la piel de la razón. 

Uno piensa que la mayoría de los poemas, admirablemente breves, son como una colección de aforismos, de metáforas “cerebrales”, “un diario de viajes”, un sistema poético en el que cada verso es una pieza, en apariencia metálica y sin conexión, pero que una vez que el lector ha roto esa aparente frialdad de frases independientes que, en ocasiones, reviste el poema de una armadura casi imposible de penetrar, una vez familiarizado con la voz y el estilo del poeta, vemos que cada verso encaja a la perfección y crea una maquinaria, una caja mágica, que late al mismo compás que late nuestro corazón. 

Un pequeño cosmos del que es difícil salir. 

         “Voz” es un poema en el que podemos “oír” la voz del poeta, escuchar el latido de su vida, enterarse del miedo del hombre y del padre y, sobre todo, apreciar y celebrar la “otra” voz, la que hace que Ernesto Frattarola, en este segundo e importante libro, sea un nombre a tener en cuenta en la poesía española. 

Me acerco a los cincuenta y aún no sé
para qué tanto ruido.

He vivido poco.
He vivido mal.
Y ahora que es la hora de volver,
ni siquiera recuerdo adónde iba.

Y este ruido en los huesos.

Cuando todo calle hablará la muerte.

Y nada importará.
Y empezará algo nuevo.

Sin mí.
Sin este ruido atroz.

Sin este ruido hermano
que hoy me quiere despierto.

Monday, October 12, 2015

Tres "cuadernos" de Elías Moro.




 
   Los que me conocen saben lo mucho que me gusta lo que podríamos llamar literatura en miniatura. Otros lo llaman plaquette, que es palabra francesa… A mí me gusta más llamarlo Cuadernos. Hace diez años tuve la suerte de recibir tres “obras” de Elías Moro que, enseguida, una vez leídas, pasaron a las estanterías de los “incunables” donde hay libros firmados y dedicados de poetas y escritores que fueron o son mis amigos. Estos días de otoño, cuando la luz es como un cuaderno de rayas del colegio, es tiempo para que un jubilado navegue entre el proceloso mar de los recuerdos y termine casi ahogado al respirar algas algodonosas que le oxidan los sentidos. 

Los tres trabajos de Elías Moro son tres alhajas por el fondo y, también, por la fachada. Fachada hecha de materiales humildes, como la de una iglesia del románico más primitivo.  

“Mi corazón” es una letanía místico-cardio-vascular que palpita como solo aletea el corazón de un poeta: trece latidos que son trece metáforas que le dejan al lector sin aliento.

  

                     
En “3 preguntas zoológicas”, con un verso de Neruda: “¿Qué dirán de mi poesía / los que no tocaron mi sangre?”, Elías Moro pregunta al lector sobre la oropéndola, el caballo y el tiburón: aire, tierra y agua, la santísima trinidad de vuelo de la belleza, la fuerza del galope en movimiento y la profundidad de la oscura claridad marina. 
 
 
 
 
        De los tres trabajos “Poema de los colores” es mi favorito. Se imprimió el 20 de diciembre de 2003 “festividad de Sto. Domingo de Silos… en la ciudad de Mérida”. Es una obra “menor-mayor”. Una carpeta que encierra siete colores y que desde la portada a la página final es un mundo redondo y cíclico. Siete colores que rebosan poesía, un goteo de imágenes que le llenan a uno la mirada de luz, una escalera de metáforas que nos invitan a subir cerca del arco iris. De los colores, mi favorito es el blanco. Cuando yo era niño y me regalaban por Reyes una caja de colores Alpine, el único lápiz que permanecía intacto era el blanco. Siempre me preguntaba para qué servía. Ahora es el lápiz que más uso. 

 
                             
    
 


          Vuelven los tres cuadernos a su sitio después de haberme acompañado por unos días y haberme traído el recuerdo y la amistad y el talento de Elías Moro, poeta artesano, poeta verdadero.