Thursday, August 6, 2015

De vuelta a Coney Island. SImic.




           Pareja en Coney Island

Era temprano un domingo por la mañana,
así que nos pusimos nuestros mejores trapos
y fuimos a dar una vuelta por el paseo marítimo entablado
hasta que llegamos a una especie de palacio
con torreones y gallardetes ondeantes.
Me hizo pensar en una tarta nupcial
en el escaparate de una elegante confitería.

Tenía calor, así que me quité la chaqueta
y puse mi brazo alrededor de tu cintura
y te ceñí contra mí
mientras reclinabas tu cabeza en mi hombro.
Cualquiera podría ver que habíamos hecho el amor
la noche anterior y aún estábamos aturdidos.
Parecíamos desnudos en nuestras ropas

Contemplando los banderines rojos y blancos
batidos por el viento marino.
Las atracciones y las casetas de tiro
con sus patos marchando en fila
todavía cubiertas con tablas y cerradas con candados.
Sin nadie alrededor todavía para sacarnos nuestra primera moneda.

Couple at Coney Island

It was early one Sunday morning,
So we put on our best rags
And went for a stroll along the boardwalk
Till we came to a kind of palace
With turrets and pennants flying.
It made me think of a wedding cake
In the window of a fancy bakery shop.

I was warm, so I took my jacket off
And put my arm round your waist
And drew you closer to me
While you leaned your head on my shoulder.
Anyone could see we'd made love
The night before and were still giddy on our feet.
We looked naked in our clothes

Staring at the red and white pennants
Whipped by the sea wind.
The rides and shooting galleries
With their ducks marching in line
Still boarded up and padlocked.
No one around yet to take our first dime.

                                 Charles Simic

La visita de ayer a Coney Island me recordó un poema de Simic que había traducido en 2003 pensando en incluirlo en Lengua de madera. No lo hice por su extensión, a pesar de que es uno de mis poemas preferidos.

Wednesday, August 5, 2015

Coney Island revisited (2)







 
        Agosto, 2002. Lunes, 12.-  Voy en el tren Q a Coney Island leyendo Os Maias por enésima vez. La última vez que vine por estos barrios fue hace ahora un año en compañía de mis amigos de Oviedo que este verano no vienen y les echo de menos. Vuelvo de la playa lleno de humo de los chiringuitos, del ruido de las radios, del sol sucio, de olor a fritanga y a cebo para los anzuelos. Desde Brighton Beach hasta Coney Island, pasando por 8 West St., los rusos mafiosos llenos de vida, lustrosos y con bañadores tangas de poliéster que dejan ver una enorme barriga roja, se mezclan con los viejos judíos que se mueren bajo pérgolas de asfalto y granito, con  hispanos ruidosos, morenos de sol y sangre y con los italianos americanizados, con ademanes sicilianos con gruesas cadenas de oro colgando pesadas medallas con la Virgen del Carmen.
 
De amores y temores. 2002/2003. Viviendo en Nueva York. Llibros del Pexe, Gijón, 2005.
 

Saturday, August 1, 2015

Cuando llenos de sombra...







          SABOTAJE

Hay peligro de bombas
y oyen desde la alcoba las sirenas
que destrozan la luz en la ventana.
Temerosos salen después al parque
y sin rozarse se saben abrazados.
¿Dónde irá, se preguntan, el temblor de la luz
cuando llenos de sombra no vean la cometa,
no oigan las sirenas, no tiemblen al roce de una boca
y el parque les resulte impreciso y borroso?
El rumor de las hojas
extiende el miedo al atentado.
Crece cerca el aviso metal de la sirena.

Monday, July 27, 2015

Made in Brooklyn

Acaba de llegar de la imprenta el Cuaderno de humo, número seis: La vida en un instante que contiene cincuenta haikus escritos por la poeta Herme G. Donis, en una edición de cincuenta ejemplares firmados y numerados por la autora. (Uno se pide el número siete, por favor). El ejemplar se enriquece con un prólogo del profesor y poeta José Luis Morante. Enhorabuena Herme! Muchas gracias profesor Morante.








        Ya estamos trabajando en el número ocho que saldrá en otoño y en el número cuatro (que se retrasa): una antología de poemas de catorce poetas amigos y algún que otro enemigo.

Friday, July 24, 2015

Correo de España (4). Anáfora.







Me llega el número 5 de Anáfora, por cortesía de Pablo Núñez. Lo que se agradece. Abre la sección Poesíaun poema de Miguel d´Ors y enriquecen este apartado dos poemas de Javier Almuzara y Marcos Tramón. De éste son estos versos: “Lo que la luz promete / será morir mañana. / Hoy es un día pleno / de sol”. Tres espléndidas muestras de la poesía de John Clare traducidas al castellano por un maestro en estas lides: Rivero Taravillo. Rodríguez Adrados, Laura Freixes,  Miguel Floriano y Saúl Borel cubren el apartado de Prosa. Cierra el número de julio el apartado Lecturas con un chisporroteo de notas críticas, algunas oscuras, otras claras y el resto con luz intermitente. Leemos con alegría la dedicada a Motivos personales, de José Luis Morante que firma Cristian David López que, junto a Pablo Núñez, coordina la revista. Anáfora: la revista que no se repite.

Thursday, July 23, 2015

Piedra.

               




              PIEDRA

Al final de la tarde,
después de un día oscuro
su piel acartonada en los tejados,
lluvia de madrugada
y un viento suave de tiza humedecido,
por un instante breve, nace una luz cansada
que bautiza de fiesta a las fachadas.
Me acerco a la ventana
y el paisaje nombrado tantas veces
me enmarca un lienzo nuevo,
mientras la luz perfuma tus temblores.
Al inclinarme lento a descifrar
la piedra iluminada de tu valle,
el tiempo me recibe con sus montes
cerrados, convirtiendo mis labios
en torpes espejismos donde el deseo
muerde su enigma más helado.
Y escuchando el sonido del incendio
de nuestro antiguo fuego,
confundido por códigos y signos
que son indescifrables,
me hundo en la ceniza de tu almohada,
a que llegue la noche y me condene
desnudo entre la piel de tu paisaje.




Tuesday, July 21, 2015

Pensé que fuera el amor. (2).





        Se llena de invierno el Cuaderno con este poema de Martín López-Vega, que es uno de mis preferidos. Un poema debe ser un mundo y aquí el poeta ha  creado y recreado uno en donde la naturaleza convive con la “arquitectura” rural del pueblo y en donde el elemento humano aparece en la vejez apresurada y el llanto de un niño que abren y cierran el poema. Un poema como un huracán, rápido y vertiginoso que acaba con eso que llaman amor y que enriquece nuestra antologia en marcha.



DIZIANI

Llegué a la aldea una tarde. Vi aves alejándose
por el cielo hacia lo oscuro,
ancianas que volvían apresuradas a casa
dejando la ropa húmeda en el lavadero,
tabernas cerradas, caminos bruscamente
cegados, puertas y contraventanas selladas,
un niño que lloraba en una casa, no sabía dónde.
Pregunté quién llegaba. Me dijeron:
Es el invierno. Pensé que fuera el amor.