Wednesday, September 10, 2014

Otra casa con otra sombra. 11 de septiembre, 2001.



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Apenas si han pasado tres horas del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York. Su caída y la muerte de tanta gente inocente me dejan paralizado. Recurro para calmar un poco mi angustia y mi ahogo a la poesía y leo los proféticos versos de Rodrigo Caro:

          Este llano fue plaza; allí fue templo;
          de todo apenas quedan las señales.
          Del gimnasio y las termas regaladas
          leves vuelan cenizas desdichadas;
          las torres que desprecio al aire fueron
          a su gran pesadumbre se rindieron.

          Poesía es profecía.


… / …
Amanece un nuevo día y New York no tiene techo. Me asomo a la ventana y del lugar donde estaban las Torres sube una enorme nube de humo a veces roja y a veces negra. Envolviéndola está el día radiante con una luz rosa y fuerte, una luz que daña para tanta ceniza, ruina y escombros. Amanece otro día que puede ser el primer día de otra guerra y el último día del perfil mutilado de New York para siempre. Me duele la belleza de este día. 
  

… /…
          Salimos al parque. El día está brillante, con una luz valiente que araña a la hierba, luz dinámica que pone movimiento en los árboles, luz abierta que madura los membrillos, luz que ahonda en la ceniza todavía caliente, luz que se quema en el rescoldo que respira, luz que coloca un anillo en una mano muerta que sin cuerpo aparece en el asfalto ceniciento de una calle cercana a la tragedia y que señala hacia el mar. Me comentas que este césped tan brillante y uniforme sigue su “vida”, sigue el olor de la rosa tardía, sigue el ruido del arroyo que baja entre cascadas artificiales en la espesura del parque donde ahora hay vida muy cerca de la destrucción y el caos. Todos los que lograron salvarse y los que no estábamos allí, llevamos encima la ceniza, el polvo de todos los muertos en la tragedia.   
                                    

                                              
…/…
Son las cinco y veinte de la madrugada y al salir de casa es de noche, el suelo está mojado y corre un viento frío. En la esquina de la casa veo un coche de policía. El metro habitual, número 2, está cerrado por la tragedia y tengo que ir a tomar el Q. El Q pasa por el puente y por primera vez veo el perfil de Manhattan sin las Torres. Algunos edificios están iluminados lo que hace el vacío mayor. El vacío lo llena la oscuridad y los potentes reflectores que iluminan los escombros. Varias personas se levantan y se acercan a las ventanas y en silencio contemplan la vista. Pasa un tren hacia Brooklyn y, por un momento, nos corta el paisaje. Un hombre en camiseta que lleva auriculares puestos y va oyendo música dice en voz muy alta, él no se oye, en medio del silencio del vagón: “No Towers anymore, Fuck them!”. Al llegar a Penn Station veo más gente de lo habitual, algunas personas llevan máscaras sobre la frente, un policía lleva dos colgadas del cinto.
          Llueve lentamente al llegar a Newark.

…/…
          Ayer nos acercamos a la Unidad 1 de los bomberos a depositar un cheque y luego al atardecer, encendimos una vela y la pusimos en la ventana para que su luz se uniera con la de los miles de neoyorquinos que hacían lo mismo en una vigilia por toda la ciudad. La vela, desde fuera, era un punto tembloroso y débil que tiritaba. La casa estaba encendida con una luz de tristeza y melancolía.

A la entrada del parque han puesto en el suelo enormes hojas de papel blanco y al lado rotuladores y tizas de colores para que todo el que quisiera dejara su testimonio. Un niño dibujaba la bandera americana y una mujer joven escribía: “Send love to our enemies”. Un perro que apareció de pronto pisa sobre el papel y el niño sonríe.

  
…/…
          Luego está el día: brillante, dulce, suave, como un enfermo o un convaleciente, algo cansado, pero de luz hermosa. Me dices que hoy  es un día “para ir a España” y me cuentas cuando tu tía regresó a España desde Cuba. “Debió ser por marzo o abril no recuerdo bien pero lo que sí recuerdo es que fue un día hermoso como éste de hoy”. Un día para ir a España y para oír sirenas que siguen pasando con su sonido que ya no sobresalta porque se ha hecho familiar, para oler el aire que nos llega oliendo a hierro y a muerte. La gente que llenaba el meadow en el parque tenía una expresión de dolor. A las cinco y media se ha guardado un minuto de silencio. Sólo se oía el ladrido de un perro, el aterrizaje forzoso de una cometa y unos tambores lejanos. Se me ha estrujado el alma. 

…/…
A las nueve y cinco de esta mañana clara he subido a la terraza y he estado en el mismo lugar de hace una semana. Ya no hay casi humo y las Torres, definitivamente, no están. No ha sido un sueño ni una pesadilla. Sin las Torres, poco a poco, vuelve la normalidad. En la Unidad número 1 han puesto las fotos de los bomberos que han desaparecido: fotos con la familia, en una boda, recibiendo un premio, en la playa, jugando al béisbol,  felices… Las flores, en un memorial improvisado, se amontonan en la calle y cubren parte de la fachada. Hay velas que tapan la acera, vírgenes, ángeles, dibujos de niños, tarjetas de misa, galletas, fotos de las Torres antes, en el medio y al final. Dentro de la Unidad, donde hace tan sólo una semana, diez bomberos hacían planes de vida, ahora hay un hondo silencio, un olor a humo perenne entre los uniformes que cuelgan vacíos en la pared.



Fragmentos publicados en "Las estaciones del dia. 2001, un año de Nueva York" Llibros del Pexe.


Sunday, September 7, 2014

La esperanza es una cosa con alas





Un poema de Emily Dickinson.

      Una amiga, MJM, me pidió esta mañana que si le podría traducir este poema. Le dije que era uno de mis preferidos y que, como todos los de Dickinson, era engañoso y nada fácil de traducir. Pero sus deseos son órdenes y aquí lo dejo para ella, que ama tanto la “esencia” de las cosas, y  para los numerosos amantes y amigos de la señora Emily. En estos tiempos de genuflexión que la metáfora del pájaro vuele alta para todos. 

Esperanza

La esperanza es una cosa con alas
que se posa en el alma
y canta la melodía - sin palabras,
y nunca cesa de cantar

y se le oye más dulcemente en la borrasca;
y fuerte debe ser la tormenta,
que pueda desconcertar al pajarito
que ha abrigado a tantos.

Lo he oído en la tierra más fría
y en el más extraño de los mares
pero  nunca, ni en la mayor adversidad,
me pidió una migaja.


Hope   
  
Hope is the thing with feathers -
That perches in the soul -
And sings the tune without the words -
And never stops -at all-

And sweetest - in the gale - is heard-
And sore must be the storm -
That could abash the little bird
That kept so many warm -

I've heard it in the chillest land -
And on the strangest sea -
Yet, never, in extremity,
It asked a crumb - of me.





Saturday, September 6, 2014

Antologia de poetas toledanos menores.III





 
El soneto tercero de la Antología de poetas toledanos menores fue escrito por María Loreto Muñoz Díaz de Haveze, conocida como “la hija del magistral”. Una poetisa que vivió a finales del XVIII y a principios del XIX. Poco se sabe de su vida. Nació en Bargas, su padre fue un canónigo de la catedral de Toledo, conoció a Carolina Coronado y a Bécquer y nunca se casó. Fue amiga íntima de la primera directora del penal de Ocaña, pionera en llevar pantalones y de fumar en público. Nuestra poetisa escribió poco. A su muerte, su íntima amiga publicó, en la Imprenta de la Editorial Católica, un opúsculo titulado (dicen que por don Marcelino Menéndez y Pelayo) “Libro del mal amor” del que se conserva una copia en la Biblioteca de Abelardo Seville Linares. Este soneto lo hemos encontrado en un legajo guardado en la Biblioteca de Central de Brooklyn que contiene dibujos y recortes de periódicos toledanos. Hay una frase escrita a lápiz que dice: “Sonetos de la Barrett Browning de Bargas. A gift from HB”.


                           



  •                  DOCE ROSAS
    Ayer iluminaban nuestras cosas
    reflejándose el sol en sus colores,
    doce rosas de sangre, doce olores,
    una docena de rebeldes rosas.


    Hoy humillan su cuello cancerosas,
    momias de soledad, hondos temblores,
    perdidos paraísos de sabores,
    doce osarios de polvo, doce fosas.


    Ayer la rosa de tu madrugada
    abrasaba mi cuerpo con su fuego,
    una hoguera de amor en nuestras vidas.


    Hoy mi herida te nombra enamorada,
    doce rosas de gozo y de sosiego
    dos docenas de rosas encendidas.


Wednesday, September 3, 2014



     En los primeros días de agosto, de aquel turbulento período
aciago de la dominación roja en Toledo, los marxistas acabaron violentamente con la vida del abogado falangista Félix Díaz de Rivera, quien había compartido tribuna con José Antonio en el mitin del Cine Moderno el 24 de febrero de 1935. 


                                                                                         José Luis Jerez Riesco, Falange imperial.



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Mi madre nos hablaba mucho de su único hermano. Al tío Félix, nos contaba, lo fusilaron los rojos una madrugada en el Paseo del Tránsito, muy cerca de donde vivía la familia. El tío Félix, un falangista destacado amigo de José Antonio Primo de Rivera, una persona de orden, un  abogado defensor de los parientes pobres que venían del pueblo, un buen lector que se reía a carcajadas cuando leía el Quijote, un hermano tierno que jugaba con su hermana que nació muchos años después y a la que llamaba cariñosamente Pipi. El tío Félix trabajaba en un despacho que tenía muebles oscuros y pesados con perfiles y cuerpos tallados y una biblioteca con la Enciclopedia Jurídica de tomos en rojo. El camarada Díaz Rivera con camisa azul -¡Presente!- caído por Dios y por España en una fotografía en blanco y negro, una biografía, una medalla con luceros y laureles con la que nosotros jugábamos a otra guerra y una fecha en el libro de los mártires de la Guerra Civil. Mi tío Félix, niebla y muerte al amanecer, recordado la primera tarde de septiembre con una luz con sabor a membrillo maduro, muerto por unos ideales olvidados, unos colores de camisa descoloridos, un ritual apolillado y unas pistolas oxidadas.


Monday, September 1, 2014

Antologia de poetas toledanos menores, II.

        


Siguiendo con lo que con el tiempo puede llegar a ser una antología de poetas toledanos menores me encuentro con este soneto de Fermando Alvárez de Toledo,  "capitán español y poeta" del siglo XVI, citado en la obra de Luis Moreno Nieto, "Los Toledos del mundo". 

                       Oficio de poeta             
 
          ¿Para salvar la esencia de la rosa
          o echarle leña al fuego de la vida?
          ¿Para hurgar en la llaga y en la herida
          o dejar el amor en cualquier cosa?

          ¿Para frenar la sombra avariciosa
          que persigue a la luz desprevenida?
         ¿Para, tal vez, cerrarle la salida
          a la muerte que avanza silenciosa?             

         Un poeta le cambia la postura
         al agua, al sol, al pájaro y al viento 
         y los viste con túnica prestada.
    
         Y aunque lo llena todo de hermosura
         con el cristal sonoro de su acento
         un poeta no sirve para nada.