Thursday, September 24, 2015

Correo de España. La frontera de lo perecedero. Álvarez conversa con Rodríguez.



                    



                                             

                                                Il ne faut pas toucheraux idoles: la dorure en reste aux mains.  
                                                                                                                                                                                                                Gustave Flaubert

                                                              las torres que desprecio al aire fueron
                                                               a su gran pesadumbre se rindieron.

                                                                                                            Rodrigo Caro


He recibido Exiliado en el arte y La pasión de la libertad (Editorial Renacimiento); dos preciosos volúmenes de conversaciones con el poeta José María Álvarez coordinados por otro poeta, Alfredo Rodríguez. Se puede o no estar totalmente de acuerdo con el método conversacional, a veces caótico, a veces reiterativo, a veces apasionado, siempre de veneración hacia el autor de “Desolada grandeza”, pero uno tiene que decir, enseguida, que admira y valora más la inteligencia y preparación que despliega Rodríguez, la hondura de las preguntas, los bellísimos subtítulos que dividen los libros, las cientos de oportunidades que le da al maestro para que se luzca, que muchas de las respuestas indigestas, cargantes, a veces irritantes del poeta de Cartagena.
Para los seguidores del poeta cartagenero estos volúmenes son dos “biblias” para conocer y apreciar la sabiduría y los vastos conocimientos del maestro. Un libro con respuestas como estas: “… Todo artista de verdad –y eso sí creo serlo- se siente fracasado ante lo que sueña, ve su obra como un fracaso en comparación con lo que había querido lograr o alcanzar sin darse cuenta. Aceptar es lo único honorable…”. El maestro piensa no ser de este mundo  y cuando Rodríguez con ese bendito ardor y ceguera de fanático, le comenta: “Otro verso suyo de riesgo, de esos que le hacen a uno levantarse del asiento: “no hay dos coños iguales”…  Álvarez, no le deja terminar y le responde: “No hay dos iguales, sin duda; incluso el mismo varía con el tiempo. Y no me refiero solo al aspecto digamos exterior. La textura, la temperatura, el aroma, la suavidad del pelo, me refiero a coños de verdad, no esa patraña plastificada de hoy, con la depilación que yo odio: incluso diría la sensación de su acogimiento”. Preciosa  respuesta de un poeta que no es de este mundo. Tanto Álvarez como su buen amigo Vargas Llosa piensan lo mismo en un tema que ambos (ahora parece que el segundo es el ganador) parecen dominar: que sin erotismo no  hay literatura. No todos van a ser “Antonios Colinas” que ensalzan y alaban a Álvarez en un artículo que aparece en el primer volumen y termina así: “Es el fulgor –habla de Museo de cera- del ayer salvado, el poema que arriesga y que enriquece al que lo lee”. El poeta tiene sus detractores, algunos de armas tomar. Y se pasan. Hay un enemigo trastornado que se dedica a boicotear y a insultar las intervenciones del poeta. Una cosa es dialogar y razonar uno sus preferencias y otra es la violencia y la intimidación. “Yo creo que su odio hacia mí –dice refiriéndose a uno de sus enemigos- tiene algo de enfermedad”. A España, la ve mal. Rajoy es tan malo como Zapatero Y hablando de odios y de enfermedades, Álvarez, como era de esperar, lo deja claro: “Creo que ser español es una desgracia”.
Uno que, a pesar de todo, se ha leído los dos volúmenes, que tiene la primera edición de Museo de cera (el libro preferido de poetas jóvenes que imitan y veneran), uno que conoció al maestro, por medio de un amigo, cuando los dos vivían en Cartagena, que admira sus gustos musicales (sobre todo su pasión por los cuartetos o el “Winterreise” de Schubert y la ópera), que le agradece haberle dado a conocer a Cavafis, uno que ha entrado a las páginas de estos gruesos y generosos volúmenes con la navaja afilada, que ha subrayado respuestas contradictorias, a veces  irritantes, debe decir dos cosas: 

A) Que el volumen lo ha ayudado a conocer mejor al poeta y que ha vuelto a su poesía gracias a las generosas muestras que salpican los dos volúmenes, lo que uno agradece a Alfredo Rodríguez. Y al Maestro.

B) Si el tiempo no borra la obra de Álvarez (torres más altas han caído) estos dos volúmenes serán (y  ya lo son para algunos) fundamentales y de obligada consulta para futuros investigadores. Una labor minuciosa y bien hecha de un entusiasta, apasionado, fogoso discípulo --él mismo un excelente poeta--, que uno celebra y recomienda a tirios y troyanos, sobre todo a los que son de este mundo, porque en el fondo es una obra de amor y conocimiento hacia el Maestro.

Sunday, September 13, 2015

Correo de España: La palabra en vilo de Muñoz Millanes



Conocemos a Pepe, el amigo con el que nos une un tiempo pasado vivido en distintas localidades geográficas, pero que al revivirlo ahora hace que coincidamos en voces, afinidades, frases, y nos sirve de referencias nostálgicas, culturales y afectivas. Conocemos al amante que comparte su tiempo dichoso y feliz.  Conocemos al “amigo Muñoz”, personaje en los Diarios, portador de preseas cuando vuelve de las largas vacaciones de verano en España, enlace con el mundo editorial, comentarista de novedades de libros, películas, óperas, conciertos. Conocemos al profesor Muñoz Millanes, el pensador, el erudito, el “sabio”, el hombre renacentista del que aprendemos cada día. Y conocemos a José Muñoz Millanes, el escritor, el traductor, el ensayista que en este año acaba de ver publicados tres trabajos suyos. Recordamos su obra publicada el año pasado,  La ciudad de los pasos perdidos, un espléndido y minucioso recorrido por el París menos conocido, el preferido por Azorín y Baroja durante el tiempo que vivieron allí exiliados. 



El más importante de los tres últimos libros es La palabra en vilo. Ensayos sobre el poeta enjuiciado, publicado por Editora Regional de Extremadura en la “Colección perspectivas”.  El volumen está compuesto de tres extensos ensayos titulados “Una carta de Lord Chandos, de Hofmannsthal: la elocuencia del mudo”, El poeta y sus fantasmas: una lectura de Nostalgia de la Muertede X. Villaurrutia” y “Veinte aproximaciones a la poesía de Alberto Girri”. 
Los tres ensayos tratan de textos inspirados “por la suspensión del lenguaje. Una suspensión que, paradójicamente, impulsa a escribir, ya que es dramática, conflictiva: está cargada de tensiones entre el autor y la realidad que pretende expresar”.  Libro de altos vuelos, minucioso, detallista, escrupulosamente escrito es la obra de un erudito que no presume de ello. 



La Venecia de Ramón Gaya, editado por el Museo Gaya, es un libro breve, un ensayo meticuloso que trata de la impresión y huella que deja en el pintor la Serenísima. Está compuesto por un primer ensayo que da título al libro y un segundo, más general, titulado : “Ramón Gaya y las ciudades”.
“Hace dos o tres días que estoy aquí, en Venecia, y no he podido, no he sabido anotar nada en este diario que no lo es. Me encuentro, desde luego, demasiado alterado, excitado y como anonadado, medio vencido”.  El libro es mucho más que una mirada a la Venecia de Gaya, es también un estudio de su pintura, de su personalidad y de su estado de ánimo. Se refuerza y se enriquece el volumen con el pensamiento y las ideas de Walter Benjamin y María Zambrano, entre otros,  y con una valiosa bibliografía. El libro está finamente editado, con una ilustración de uno de los clásicos dibujos de Gaya (la copa “velazqueña” de cristal con unas hojas), del cual Muñoz Millanes tiene una copia iluminando una de las paredes de su apartamento neoyorquino. 



Posiblemente uno de los libros que mejor describen Berlín sea Paseos por Berlin, de Franz Hessel; “un libro –según Walter Benjamin- absolutamente épico”, una obra clásica e imprescindible. Traducido por Manolo Laguillo y editado por “errata naturae”, se enriquece con un extenso y luminoso ensayo, a manera de prólogo, de Muñoz Millanes. Walter Benjamin pone a Hessel en su sitio cuando dice de él: “Nadie ha comprendido tan profundamente la filosofía del flâneur  como Hessel. De hecho Hessel no describe sino que narra verdaderamente cada paseo. Más aún: cuenta lo que la ciudad le ha permitido escuchar”.

Tres obras imprescindibles para conocer mejor a tres escritores, a una ciudad y a un pintor.

Friday, September 11, 2015

Correo de España. Juan Manuel Macías un poeta visible.


                                       Lo importante no es que sean visibles los poetas. sino los     
                                                                 poemas. Y, luego, ya se irá viendo. 
                                                                                                  De Sucede en la voz de otros.
                             
         Es la pequeña odisea de dos libros viajeros que por fin han llegado a su destino. Por algo uno de ellos se titula Transito. De Cerdecilla, donde vive el autor, fueron a la caseta de Pre-textos en la Feria del libro de Madrid donde tenía yo que haberlos recogido. De allí pasaron a manos de un amigo que se los llevó a su casa y más tarde se los dio al “amigo Muñoz”, que estaba de vacaciones y que los guardó en su casa de Madrid. De la capital de España llegaron ayer, cuatro meses después, a Manhattan, al barrio donde vivió el enamorado Juan Ramón Jiménez y en la universidad donde estudió Lorca. Ahora están en Brooklyn, cerca de Prospect Park,  reposando del largo viaje. Es un regalo,que se agradece,  del filólogo, poeta y traductor Juan Manuel Macías.

Transito, un libro de poemas editado por DVD y Sucede en la voz de otros, en la Isla de Siltolá. La mayoría de los títulos de Transito le llevan a uno por un lado a un mundo primitivo, tradicional y ancestral  y por otro tienen sabor a tiempo cercano y familiar lo que imprimen el libro de una cierta nostalgia añoranza.  Pasado "clásico" y presente con un "futuro".
Títulos como : "Canícula", "Samba", "Alberca", "Pupitre", "Villancico""Surcos". Frente a este aspecto “popular”, nos encontramos con poemas de hondas raíces “intelectuales” y argumentos “clásicos”.  Tránsito está engarzado en una profusión de atrevidas metáforas. Uno siente a lo largo del libro una fuerte energía, el rumor de una corriente salpicada de vitalismo, un poderoso control del ritmo y un mundo propio y personal. 

Que sirva de ejemplo este poema.

CADENCIA

Vinieron los desiertos
gritando
para besar el filo de los párpados.

Pudiera ser la sangre
una partitura en blanco.
Y el corazón vagaba por sus márgenes
arrancándose las tardes una a una.

O tal vez la esperanza
un tardío paso de baile
desarbolado sobre el calendario.

Pudiera ser el miedo
la habitación de un hotel
momentos antes de mudar de ángel.

Era tanta la cólera o el llanto
que todas las agujas solidarias
marchaban como un sueño
a clavarse en los ojos del piano.




       
          Sucede en la voz de otros, (La isla de Siltolá), lleva como subtítulos “Apuntes mundanos de poesía” y son textos breves y hondos, a caballo entre el ensayo (lo que les hace ser menos “mundanos”), la narración, el aforismo y el poema en prosa. Textos con sabor a Grecia, con aromas helenos, textos irónicos, descriptivos, rabiosamente actuales, con la presencia de Facebook.  "Columpio" es uno de mis  textos favoritos:
  
Como en el poema de Arquíloco de Paros, hay un péndulo que oscila sin parar entre la alegría extrema y la pena más desconsolada, tan fugaces ambas, tan esquemáticas y tan ficticias. Ahora estoy aquí, ahora estoy allí. Hay un péndulo que se parece también a un columpio en una tarde aburrida de verano en la niñez. Sus viejos metales siguen sonando, rítmicos, como una vieja ley humana. A ese pulso podemos llamarlo melancolía.

         Dos libros viajeros que, después de dormir un verano en la sombra,  han llegado, casi en tiempo de otoño,  a Brooklyn a traernos una tormenta de luz.


Monday, September 7, 2015

Un libro de Ballerina Vargas Tinajero.



   


                        ANTOLEJÍA: SUBVERSIÓN PASADA POR LEJÍA CONCENTRADA

                                       I don't want to go to heaven. None of my friends are there.                                                                                                     Oscar Wilde

                                                                              Bajaba todos los días    
                                                                              de su casa a la estación
                                                                              con un libro entre las manos
                                                                              de Bécquer o Campoamor.
        Rafael de León.

                                        Poetry is a mirror which makes beautiful that which is distorted
        Shelley

                                                   Immature poets imitate; mature poets steal.
                                                                                                    T.S. Eliot.


        
Son 52 poemas, (que con el que abre el libro y cinco haikus hacen un total de 58). Están amarrados en bloques de trece bajo estos  subtítulos: “Tremendismos nocturnos”, “Pipas, muelles, peta zetas”, “Las cosas del querer”, “La resaca” y acaba con un capítulo de gracias, en el que uno está mencionado (lo que se agradece). El libro hace el número 13 de Ediciones Liliputienses y se hizo en la Isla de San Borondón el 11 de septiembre. La autora es BallerinaVargas Tinajero que estudió periodismo y es profesora de Lengua y Literatura Castellana en un instituto de Sevilla, donde nació.

 Antolejía es un laberinto donde es difícil encontrar la entrada y fácil dar con la salida. Se entra mal, el título y las innumerables citas no ayudan y se sale mejor, leyendo las instrucciones para el funeral de la poeta que es, sin duda, uno de los mejores poemas de libro, junto con “La resaca”, “La loca del café”, “Ispahán”, “Destello”, “Retrospectiva” y “V-0349-AK” en los que uno encuentra una poesía más serena, dentro de lo que cabe, más humanamente animal y más cercana. “Instrucciones para mi funeral” es un poema chorreando humor, sarcasmo, ironía, cotidianidad, cachondeo y, al final, alguien que espera. Si mi madre, que se quedó en Bécquer y Gabriel y Galán, hubiera leído este libro, habría reaccionado como los padres de la poeta al saber que la niña escribe poesía.                

Si alguien quiere leer algo
Que sea algún poema
Ninguno mío por favor
Que no estará la cosa para tacones
Sombras perplejidades ni más penas
Además mis padres no saben
Que me entretengo con esto
Que a ratos juego a ser poeta
Y como se enteren
                 mira Pepe lo que escribe la niña
Acaban los dos en urgencias

Antolejía da la vuelta a lo que no tiene vuelta, se adentra en la boca de lobo más oscura y apestosa, es un libro irreverente, a veces navaja, a veces disparo, siempre sal en la herida, vinagre en la rosa, espina oxidada en el jardín de la belleza. Uno entra en el laberinto entre alientos de dragones acechando la anticuada sensibilidad de uno. Ya los ojos hechos a la oscuridad este lector distingue las voces de los ecos, se da cuenta de que lo cotidiano es como una hogaza de pan recién cocido con olor a supermercado de barrio, cama deshecha, bragas amarillentas y el rímel derritiéndose como las lágrimas de una virgen sevillana. Poesía del yo y del tú, con aire y léxico barriobajero que choca entre una cultureta de andar por casa y una cultura de altos vuelos, se desliza como una serpiente en la mirada y uno entra angustiado  en el coto de caza menor de la poeta. Ella no se esconde en él, no deja una distancia entre el lector y la escena o el asunto. La voz poética da la cara, te mira a los ojos, hasta te insulta y sabes que estás en terreno enemigo. La tónica de algunos de los poemas, que son los que más le llaman a uno la atención y menos la devoción, son como fragmentos de una película porno dirigida por una monja de clausura en estado místico.

Antolejía es un libro que debería llevar, como los paquetes de cigarrillos, un aviso que ponga al lector en guardia y que diga en minúscula: “esta poesía engorda”. Libro generoso es, como dice la contraportada, “un primer libro” aunque parezca el último y en él hay abrazos y pellizcos y robos de poetas malditos que la poeta venera. (Padre Bukowski que estás en el infierno).  Valoramos y destacamos sus aciertos que son muchos, nos alegramos de encontrar una voz a veces agria, discordante, agresiva, pero una voz personal. Leer a Vargas es encontrarse con Vargas.

            Antolejía da vida a la vida, al sexo lo que es del sexo, ningunea al amor y añade a lo cotidiano  el automatismo, las mayúsculas burguesas, la ausencia del punto y de la coma, los espacios subversivos,  el bilingüismo yanqui, la desazón del verbo, la feria del adjetivo, el uso del seudónimo, y un ritmo ruidoso a veces, entrecortado, que te ahoga y que deja sin respiración. En Antolejía se diría que la poeta se ríe de la poesía aunque llore por ella y con ella, se diría que descuartiza la poesía aunque sea parte de su razón de vida, la martiriza a citas, la bautiza con lejía en el nombre del sexo, del amor, de la muerte y de la tristeza.  Poesía humanamente detergente que limpia, brilla y da esplendor a nuestras vidas oscuras.