Monday, February 18, 2019


     
         

                  UNA CASA SIN LUGAR Y CON ALTO VOLTAJE: EL MUNDO DE SANDRO  LUNA
Una casa sin lugar
   Sandro Luna
   Libros de canto y cuento. 

Casa sin lugar no es un libro de poemas al uso: es una colección de prosas poéticas breves (o mejor de poemas en prosa) numeradas del 1 al 81. Es, aparte de un recinto sin lugar, una fortaleza con raíces, y no sabemos si se acordaría de Wagner y de su Walhalla a la hora de titular el libro. El poeta, ¿o es el padre?, empieza aconsejando a su hija, que apenas si sabe nada de la vida y termina con el texto 81 que dice: “Mi padre es esta cosa que no sé”. Un libro que empieza con jazmines en la mano de una niña, que sigue con una abuela que silabea el Padre Nuestro y con el padre al que ve “en una hebra fina y en una gruesa…”. Y entre hija y abuelo, la casa sin lugar, a veces apagada, a veces encendida, nos encontramos con una casa sólida, llena de amigos, de objetos cotidianos. Una casa que no tiene sereno, como otra conocida casa encendida.

En ocasiones las prosas son aforismos, navajazos que se clavan muy dentro del corazón, flechazos que electrizan la razón. A veces los textos dan la sensación de estar esbozados, limpios de polvo y paja, mostrando únicamente el esqueleto, la armazón de un animal llamado poesía, del que el poeta ha limpiado la grasa y ha dejado la palabra precisa, en unos textos luminosos, de alto voltaje. Es deber del lector adentrarse en el mundo del poeta y aderezarlo con su experiencia y darle un final o no. Algunos botones de muestra:

--Echar carbón. Al fuego le complace esta liturgia. Voy caliente al infierno.
--Hay pan en cada cosa y es cosa nuestra dar la boca.
--Me vierto en tus manos, porque ellas me acogen.
--Como quien espera la muerte, he movido los pies. 

    Casa sin lugar es un libro en primera persona, entre la biografía y el olvido, entre los jazmines y la muerte, el principio y el fin. Un libro que nos muestra los miedos y los temores del hombre, del padre, del hijo, del poeta, del profesor. (Es de noche, y estoy lejos de mi cama y de los míos). Una elegía al padre que sobrecoge. Un libro de tono biográfico, ya lo hemos dicho, de aspecto narrativo, en el que el poeta “narra” parte de su vida como narrador interno, hurgando lo cotidiano con un bisturí, ahondando en lo que en apariencia es una anécdota o un recuerdo, como en este precioso texto que es uno de nuestros favoritos: 

Mi abuela silabea el Padre Nuestro en mis oídos. Pero es mi alma quien escucha. Cada noche, desde la noche primera, mi boca se acerca a mi hija y  le beso y le rezo, en silencio, como hiciera conmigo mi abuela. Tal vez también su alma escuche.

    El libro tiene, y hay que destacarlo, un cuerpo unitario tanto en la forma como en el fondo, en la “narrativa interna” como en la poesía más honda, la fidelidad de estilo, la encubierta destreza y la aparente y engañosa facilidad. Tiene la casa amigos que la visitan y que dan pistas la lector: Sócrates, Rosales, Dylan, Feuerbach, Gaya, La pedrera, La chica de Ipanema, Eva, Ana… y muchos amigos más actuales con el que el poeta dialoga, lo que hace de esta casa sin lugar un Libro de familia. 

Para el que esto firma el texto 24 que es uno de los más hermosos del libro, es un poema que se derrama, sin cesuras y sin armaduras. Es el que mejor resume la relación del padre con su hija y con su propio padre. Piel, tacto, ternura, recuerdo y la historia se repite.

Seguro que una vez mi padre acarició mi espalda como yo acaricio la espalda de mi hija ahora.
Nuestras manos nos hermanan, a mi padre y a mí.
Me acariciabas y, en mi regazo, te acaricio yo ahora.
Mi hija nos regala este abrazo del hombre que somos y seremos.

¿Hará falta decir que el libro está dedicado al padre
                muerto? “A mi padre, casa cierta”. Y seguir viviendo. 




  

Friday, February 15, 2019

Diario ilustrado: Un día de febrero.





                                         UN DIA DE FEBRERO EN PROSPECT PARK



140219.- A lo mejor es la fecha, quién sabe, o que uno se despierta con la mirada más afilada. Ir al parque, casi a diario, es como ir a misa, o a la ópera, o a dar clase o a hacer el amor. Tenemos una ruta para cada estación: buscamos el sol en invierno y la sombra en verano, la llama de los almendros en primavera y el oro rojo en otoño. A veces hay días planos donde todo parece igual: la sombra en el mismo sitio, las mismas parejas, la hierba apenas si una piel reseca por el prado, el perro que duerme en el banco de entrada, las placas metálicas adosadas a los bancos, dañadas por la lluvia y el olvido, el lago helado… Pero hay días que es como una catedral en domingo de resurrección, una ópera de Wagner, una lección magistral.

          Ya a la entrada, posado en un árbol seco, un sinsonte, como si presintiera que la primavera no está lejana, actúa de solista en un concierto en el que llama a la amada que, poco después, aparece y se posa en una rama más alta. Cambia de tono y gorjea con fuerza y cuando ella desciende a una rama más cercana, el macho mantiene un pianísimo sostenido que hace temblar a la amada y a dos viejos que lo escuchan. Ya cautivada, el macho baja a tierra y da unos pasitos: la hembra lo sigue. Y juntos se pierden de vista. ¿Sabe el macho qué día es hoy?

        
 En uno de los bancos que están frente al prado y que son asientos de lujo, sobre una placa que hemos visto otras veces, alguien ha prendido un ramo de claveles rojos para que el olvido, la lluvia o la nieve no oxide el recuerdo de la persona de la placa: el otro día fue el aniversario de su muerte. Mientras haya flores y el tiempo las marchite. el recuerdo de la persona estará vivo.  La luz es la típica de un día de febrero algo inestable, con ramalazos de viento frío y la caricia de un sol que quiere y no puede.

          Llegamos al lago medio helado y una bandada de gansos del Canadá, que uno nunca sabe si van o vienen, se refleja en la parte helada sin atreverse a entrar en el agua. Son como flores de algodón con raíces de cristal, uñas de plata, que han crecido del frío de la noche.


          En un lugar donde en verano hay niños que juegan e inauguran la infancia sobre el esplendor de la hierba y bajo el toldo generoso de la sombra, vemos otra placa, esta parece ser nueva, oro reluciente no mordido con el óxido del abandono, que recuerda a una niña llamada Harlow “…our sweet baby girl. We love you so much. You will be forever remembered. February, 12, 2016”. Sus padres han cubierto la placa con un adorno floral de rosas.

          A la salida un joven, sentado en un banco, toca una trompeta. Es una melodía triste, como un ramo de rosas secas o un trozo de hielo partido en mil pedazos. Como lo es la vida, como lo es este día quejumbroso y afligido de febrero con nombres escritos en el olvido y pájaros que uno nunca saben de dónde vienen y adónde van.
         

Tuesday, February 12, 2019

La poesía de Alfredo Buxán




                                                              
                                                    MADRUGA EL LOBO

                                  LA POESÍA DE ALFREDO BUXÁN: EL PRIVILEGIO DEL PRÓXIMO MINUTO

Alfredo Buxán.
El rumor
La Garza roja, Madrid, 2018

          Dice Emily Dickinson:  If I feel physically as if the top of my head were taken off, I know that is poetry. Si siento físicamente como si me hubieran quitado la parte superior de la cabeza, sé que eso es poesía.

          Si siento un fuego, un tiro de gracia en la sien de la razón, un golpe seco en la garganta, un vuelo de mariposas, una corriente de lava, un abrazo esponjoso, es que estás leyendo poesía verdadera, la poesía de Alfredo Buxán y, especialmente, “El rumor”, un libro que te deja temblado de emoción, que te confirma que el mundo está bien hecho y en cada verso, en cada poema descubres que la belleza y la emoción son las dos columnas en las que se sostiene este rumor que entra en tu corazón y te reconforta y te alivia, te recuerda la magia, el poder, el hechizo de la poesía que no pasa de moda, la que se escribe con el corazón, la que dice lo mismo de siempre como si fuera nuevo, la que habla de rumores, de sensaciones, de pájaros y flores, de la rama desnuda o de un lobo que madruga o de temas clásico como el tempus fugit.

          Todo el libro es un hervidero de metáforas, de poemas derrochando musicalidad y ritmo, medida y contención llevando apretada la rienda del adjetivo, sintiendo vibrar el motor del verbo.

          Es en “Gorrión”, uno de mis poemas preferidos,  donde aparece el universo poético de Buxán. Un poema que a la vez que sirve de poética nos muestra las voces de lo que la poesía debe ser. Para unos fue el ruiseñor, para otros la alondra, para otros un pájaro cualquiera, Para todos el paso de la vida, la presencia del canto, de la luz, de la belleza, la mirada del poeta y, también, la duda y en la duda, la esperanza.

Ha vuelto el gorrión a la ventana.
Es un instante de belleza pura.
Ya sé que no es aquel. Ni yo tampoco.
Escucharé el gorjeo con que aviva,
Acaso sin saberlo, las macetas
del balcón, la mirada que contempla
su loca algarabía y sus afanes.

Quisiera, como él, no tener miedo
y volar a otro alero por sorpresa.
Vivir de rama en rama, tan tranquilo,
sin que nada interrumpa mi alegría.

Ya sé que no es aquel, pero me mira,
casi inmóvil, como si se acordara.

            En estos tiempos, donde al parecer cierta poesía está por los suelos, este libro nos reconforta y  afila la fe en la buena poesía. La que en voz baja, rumorosamente, nos ayuda a vivir. La que queda., 




   

Thursday, February 7, 2019

EL MISTERIO DESCIFRADO: Miguel Veyrat




EL MISTERIO DESCIFRADO

      Abrid las puertas de la razón ahora: la poesía cerrada de Miguel Veyrat

  
Miguel Veyrat
Tu nombre es Eros Tigres de papel, Madrid, 2018

        Dice María Zambrano  que “de no tener vuelo el poeta, no habría poesía, no habría palabra. Toda palabra requiere un alejamiento de la realidad a la que se refiere; toda palabra es también una liberación de quien la dice”. Es significativo que la frase que abre la sección titulada “Mi nombre es Eros” (el título del libro es “Tu nombre es Eros”, un significativo cambio pronominal, de “tu” a “mi”) sea, precisamente, de María Zambrano y trate del logos: “Un logos que se hiciera cargo de las entrañas”.
        Con la filosofía, el pensamiento razona, habla, enfría las emociones. Ha ido, desde Platón, liberando sistemas filosóficos, poniendo límites al espacio y al tiempo, creando salidas para las ideas encarceladas en la caverna del pensamiento. Con la poesía, el alma canta, da fuego a la palabra que, en poesía, es siempre limitada, como lo es el poema. Filosofía y poesía son dos géneros, dos sistemas opuestos y, a la vez, necesarios: son los dos railes que nunca encuentran por los que viaja el tren de la razón y de las emociones: cerebro y corazón.
        Miguel Veyrat es un filósofo que escribe poesía y un poeta que vuela alto, y al volar, como dice Zambrano, se aleja de la realidad y crea un universo complicado, de tacto frío, poesía difícil, necesitado, en ocasiones, de notas “prescindibles” y explicaciones. Un poeta alejado de lo cotidiano, de la experiencia, más cerca de abstracciones numéricas y mecanismos mentales que de la realidad y del deseo. Veyrat se encuentra a sí mismo y se reconoce en “los vastos jardines sin auroras”, como “cazador de lenguaje”, yendo “del afuera hasta el adentro”.
        Una poesía enraizada en la mitología, en el mundo clásico, en Dante y en Vallejo, en los cantos órficos (los que cierran las puertas a los no iniciados) y en Hegel, en Rilke y en Cernuda, en Barthes (el del lenguaje es una piel) y en Lao-Tsé y Platón (y el encuentro con la muerte e iniciarse en la nada).
        Si todo auténtico poeta, con un sistema poético, es una isla, un asombro, una bella e inútil metáfora, también es un solitario y Miguel Veyrat lo sabe y escribe en la madrugada de la palabra poemas entre surrealistas y “dodecafónicos”, poemas cargados con la pólvora de la confusión, argumentados con hachazos a los signos de puntuación, aplicando a las metáforas garrote vil.  Poemas, en su mayoría breves, que nos hacen sentir miedo, frío y una honda inquietud. Poemas como este, “En viaje”, que es uno de nuestros favoritos y que en siete versos en su mayoría monosílabos conjuga la ceremonia de la ceniza:

YO TÚ ÉL
Seremos
ELLO
Presente
Sin futuro
Misterio
Descifrado
       
        Miguel Veyrat es un poeta para el futuro, que maneja un material perecedero y eterno, el de siempre, el de ayer y que vive en el siglo XXI. Es cierto que su poesía no es fácil (toda poesía debe tener su grado de oscuridad y de maldición, también de luz y claridad) porque, como la de Góngora, es una poesía culta, poesía de orígenes, de iniciación, de ritual, fría como una navajazo en las vísceras de la razón, hermética, cerrada con puertas que solo abre la llave del conocimiento. Lo avisa en el primer poema: Solo digo mi poema a los iniciados, cerrad las puertas, tenemos la cabeza de Orfeo, padre y madre de la poesía, y el corazón que no tiembla. (Uno piensa en los primeros versos del romance: “Solo digo mi canción…).
        “Tu nombre es Eros”, un libro como pocos en el panorama poético español, completa el viaje del poeta entre el hacha de plata y el diluvio, entre el fuego y el aire, entre el amor y la muerte y termina con una marcha atrás a la nada, a lo infinitivo, al vacío, entre “el comienzo y el final de canto”.
 
 
 



Thursday, January 24, 2019



                      LA LUZ SOBRE LOS TOLDOS: DON DE LA NOCHE, DE SUSANA BENET.

Don de la noche
Susana Benet
Pre-textos, Valencia, 2018.

         Don de la noche comienza en una mañana “en luz apaciguada” (que a uno le recuerda a Juan de la Cruz) y acaba con “Los que huyen de la noche / no entienden su misterio”, hay que empezar a leerlo de día y acabarlo de noche, o no acabarlo, dejar que su magia quede a tu alrededor protegiéndote y acompañándote. Como esta poética, escrita en dos haikus

POEMA

    Aunque quería
no podía escribir
ese poema.

Pero al mirar
en mi balcón la rosa,
estaba escrito.

         Hay que saborearlo despacio y con la mirada atenta; no siempre se encuentra uno con un libro de esta categoría. Hay que acariciar sus palabras, su música, su ritmo, su mundo metafórico, sus imágenes, sus reflexiones, su aparente minimalismo, su magia, eso que el libro tiene que no se puede explicar. Que se llene tu alma de ese silencio nocturno que fluye a lo largo del libro, que te dejes envolver por la luminosidad, el resplandor, la maestría de este libro.

EMBRIAGUEZ

Bebiendo su silencio
me emborraché de noche.

¡Qué resaca de sombras
arrastré todo el día!

         Sí, Susana Benet es conocida como una poeta que escribe haikus únicos, una pintora que pone marcos a algunos de su poemas con esas excelentes acuarelas de árboles, flores y ramas, pero es también una mujer que tiene la suerte de poseer equilibrio e inteligencia para usar la palabra justa, el verso exacto, el adjetivo preciso y crear un poema que, en apariencia puede parecer un leve pie de página, pero que es, en su brevedad y precisión, una filigrana. Como en este poema, titulado “El día”

Qué pronto la mañana
se ha convertido en tarde.
En los cercanos arboles
ya palidece el sol.
Llega la noche.
Otro día que pasa
rozándome los ojos,
donde dura un instante
el brillo de la luna.

         Es Don de la noche, publicado por la editorial Pre-textos con una viñeta  de la poeta en portada, un libro que es un retablo cívico, urbano, cotidiano, una narración colorista y floral, un cuadro costumbrista, un universo dicho en cuarenta y un poemas breves, una puerta por donde entrar a un mundo intenso en donde la vida asusta, preocupa, divierte, inquieta a la poeta y a la persona que mira al gato cazador “que observa lo que escribo”, a alguien que grita, que observa “esa chaqueta tuya”, repleto de colores, desbordando olores, que nos sumerge en la naturaleza. Y también la presencia de la muerte, en “Polvo”, uno de los mas escalofriantes y hondos poemas del libro.
                  Pocas veces uno se ha encontrado tan protegido, tan acompañado y ha sentido tan de cerca la poesía como en este libro. Un don el de Susana Benet.






COMENTARIO DE TEXTO. 
Haasta llegar a la luz.

IMPRESIÓN DE LA MAÑANA

Están rotas la nubes.
Un manto desgarrado cubre el cielo.
Las ramas de los árboles desnudos
atraviesan los pálidos jirones.
Una dulce quietud invade el aire
tras semanas de viento enloquecido.
Las plantas en sus tiestos
parecen dormitar agradecidas
por esta amable tregua
que sumerge las hojas y las flores
en luz apaciguada.

Abre el libro el poema con un título clave: “Impresión de la mañana”. En poesía, como sabemos, tenemos una figura retórica llamada sinestesia que al mezclar, en este caso sensaciones auditivas y visuales, nos da “impresiones” que es lo que el poeta nos indica a partir del titulo. Es este un poema “exterior” que impresiona y que es una muestra de la fuerza, el estilo y la personalidad de la poeta. Es una lección de poesía descriptiva por un lado y de visión narrativa por otro, así como una gradación en la forma y en el fondo. Tiene el poema once versos de los que cuatro son heptasílabos y los restantes son endecasílabos. Hay en el poema una “estudiada” combinación que da al poema una estructura sólida, el aliento, el aire y la respiración rítmica que hace que el lector sienta la “dulce quietud” y la “amable tregua”.
         Después de los dos primeros versos escritos con las riendas tersas, nos encontramos con dos pares encabalgados. Es en los cinco últimos versos, donde el poema se suelta, vuela, en un poderoso encabalgamiento que nos arrastra, como nos arrastra la vida, y nos adentra en la amable tregua del final luminoso donde vemos sumergidas “las hojas y las flores / en luz apaciguada”.
         Es un poema que tiene un comienzo un poco brusco, una rotura en lo alto, le sigue un “cuerpo” equilibrado que sirve de transición entre las nubes y los tiestos y un glorioso final. Los dos versos primeros son ideas completas acotadas por un punto en los que destacamos los adjetivos “rotas” y “desgarrados”, que continúan la idea de rotura hasta la palabra jirones que es la “cabeza” del poema. Los dos siguientes versos apaciguan el ambiente con la “dulce quietud” en donde aparece “el corazón”. Se ahonda aun más en la calma viendo cómo las plantas duermen agradecidas. Y el suave, sosiego, sereno verso de cierre, de este don de la noche, con esa luz apaciguada. Del manto desgarrado, pasando por los tiestos, la tierra, hasta llegar (¿o bajar?) a la luz.






Sunday, January 20, 2019



De un tiro, tres preciosas aves. Me llegan “Clarín”, “Anáfora” y “Cratera”.






 



          “Clarín” es una de las revistas con más solera y prestigio en el panorama literario español. Leemos, entre otros, un artículo del venerable Aquilino Duque sobre “La Sevilla de Rafael Laffón”, un texto de Cereijo, unos poemas de Juan Ochoa, que es el autor de las portadas de la revista y que parece ser que también escribe haikus, como todos los poeta que empiezan…un articulo sobre Frankenstein del polifacético Benítez Ariza y un texto de Toni Montesinos sobre Walt Wltiman. En la sección de los paliques anotamos una reseña del libro de aforismo de Álvarez Velasco, y otras firmadas por Marcos Tramón, Ángel Alonso, José Ángel Cilleruelo , Álvaro Valverde y HB que lee “Biología, Historia”, de Jiménez Millán. Cierra el sumario “La última cena”, de Antonio Cruz.




         “Anáfora”, número 15, “creación y crítica”, está que lo vierte. Coordinada por Pablo Núñez  y De las Heras, publica, entre otros, poemas de Rico, Juaresti, Sanchez Robaina, Rivero Taravillo y Marcos Tramón. En la sección de lecturas se reseñan, entre otros, “El cuarto del siroco”, de Valverde y “La palabra secreta”, de Aquilino Duque. El diseño es de Marina Lobo y está patrocinada por la Fundación JLGM. Si vale el consejo de este lector, "Anáfora" es una de las revistas del momento.


        Este número 4 de “Cratera” es un especial de poesía hispanoamericana y me encuentro con poemas, entre otros, de María Negroni, una poeta a tener en cuenta, de Gómez Beras, y Mercedes Roffé. Hay una sección titulada “La mirada de Basho”, dedica a hailkus, otra de reseñas y de lectura. En portada y contraportada lleva un bellísimo dibujo del poeta y pintor  Juan Carlos Mestre. Las distintas secciones van precedidas de un dibujo. Uno, que no deja de ser un pintamonas, agradece a Gregorio Muelas, uno de los directores, el detalle de haber publicado no uno, sino dos dibujos de su seguro servidor HB. Un motivo de alegría.

















Saturday, January 19, 2019

EL PESO DE LA VIDA. José Luna Borge.


        



  


                                 EL PESO DE LA VIDA: EL ÚLTIMO D IARIO DE JOSÉ LUNA BORGE.

Pasos al atardecer, Diario 2004-2005
José Luna Borge
eolas ediciones, 2018

         Un paso es el comienzo de una aventura, de una vida y también de un diario. Se abre el cuaderno y uno se encuentra con el camino de la página en blanco. Hay que comenzar a caminarla. El camino puede estar nublado, nevado, mojado, arenoso y, cuando ya está uno de vuelta de la vida, empezará a anochecer.
         Pasos al atardecer, el quinto diario de José Luna Borge, va desde 2004 a 2005 y es una historia social, política y personal en marcha, contada con firmeza y a veces con voz ronca, a lo largo de ese caminar, que es la vida. Está editado, espléndidamente, en la Colección Caldera de Dagda, en eolas ediciones, con una soberbia portada de luz brumosa y agua plateada.
         Desde que leí el primer diario del autor siempre pensé en Robert Frost y en Antonio Machado. Tiene el poeta americano un poema, tal vez el más famoso de todos los suyos, que se titula “El camino no tomado” y uno, al leer los diarios de Luna Borge, sabe, a lo largo del viaje, cuál de los dos caminos ha tomado el diarista.

         
Uno se agarra a las palabras con las que va manchando las palabras de este cuaderno para cobijarse y hacerse invisible. Es un refugio fabricado con tinta y palabras, mis padre construyó el suyo con la azuela, las dos buscamos lo mismo; bastarnos con ello para sostener el peso de la vida.


         Aprendemos de días de cansancio, de la monotonía del trabajo, de la familia, de la melancolía, de las muy personales opiniones sobre música, de amigos que se mueren para siempre y de los que se mueren en vida, de paseos y confidencias, del milagro de un nuevo día y de la llegada del frío o del calor, como en este espléndido párrafo:
         Gozosa soledad poblada de lecturas. La casa está vacía… Sevilla ofrecía ese aire fantasmal que solo tiene en los veranos especialmente en agosto. Quizá sea más bella así, con tanta desolación que no lo es en absoluto; parece una novia abandonada que sigue siendo novia y, además, bellísima.

       Y siguiendo los pasos al diarista en su mundo, a veces provinciano, en el que aparecen el dolor, las injusticias y las ausencias, entendemos el mundo de los demás que nos es común a la mayoría de los mortales. Y desde lo mínimo y cotidiano pasamos a lo universal y a lo global porque un diarista narra, rememora y deja constancia de su entorno que a veces mira con ojos inquisitivos, a veces benevolentes, mirada siempre llena de curiosidad e interés, de ahí que este, y los otros diarios, rezumen frescura, vitalidad y emoción. Hay textos que son excelentes poemas en prosa, ahí se ve la vena poética de Luna Borge, con metáforas que iluminan el texto, bellísimas historias familiares, hondos aforismos escondidos, ideas claras arropadas entre los textos, imágenes que son como navajazos de luz y de belleza, descargas de esperanza que te ayudan a seguir viviendo. Hay momentos de depresión y abatimiento:
         Ando desencuadernado, no recuerdo una temporada tan prolongada con semejante moribundo encima.

      Pasos al atardecer está envuelto en una suave niebla melancólica, como escrito bajo una luz crepuscular, como si el camino fuera a borrarse. Pero uno conoce al escritor y sabe que todavía le quedan muchos pasos que dar y muchos diarios por escribir.
         En la contraportada hay un larga cita de Boyd que termina así y con la que no estamos de acuerdo: “Llevamos un diario para capturar esa colección de yoes de que cada ser humano se compone… un verdadero diario nos presenta la realidad mas turbulenta y desorganizada”. Escribimos un diario para dejar libre nuestra personalidad e intentar plasmar el real yo del que estamos hechos. Este diario nos presenta la realidad del diarista en una manera organizada y razonable: cerebro y corazón al unísono.